Babaji's Kriya Yoga
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El significado de la iniciación
Por M. Govindan

En el Kriya Yoga de Babaji el significado de la iniciación es a menudo pasado por alto. La iniciación es un acto sagrado en el que a una persona se le da la experiencia inicial de un medio para realizar alguna verdad. Ese medio es una kriya o “técnica yóguica práctica”, y la verdad es un portal al Uno eterno e infinito. Como esta verdad está más allá del nombre y la forma, no puede ser comunicada a través de palabras o símbolos. Sin embargo puede ser experimentada, y por ello uno necesita un enseñante que pueda compartir su propia experiencia de la verdad. La técnica se convierte en un vehículo por el cual el enseñante comparte con el practicante los medios para realizar la verdad en uno mismo.

Durante la iniciación siempre hay una transmisión de energía y consciencia entre el iniciador y el receptor, incluso si el receptor no es consciente de ello. La transmisión puede no ser efectiva si el estudiante está lleno de preguntas, dudas o distracciones. Así, el iniciador intenta preparar al receptor previamente y controlar el ambiente de modo que sean minimizadas estas perturbaciones potenciales. El iniciador lleva hacia sí mismo, en efecto, la consciencia del receptor, y comienza a expandirla más allá de sus límites mentales y vitales habituales. Hay una especie de fusión de los límites mentales y vitales ordinarios entre el iniciador y el receptor, y esto facilita enormemente el movimiento de consciencia hacia un plano superior. Al hacerlo así, abre al receptor hacia la existencia de su propia alma o Ser superior, que esta entonces permanecía velada en el caso de la mayoría de las personas. Al elevar así la consciencia del receptor, éste tiene al menos sus vislumbres iniciales de su poder y consciencia potenciales. Esto es lo que significa elevar la kundalini del discípulo. La mayoría de las veces es hecho no de forma dramática en una sesión inicial, sino más bien gradualmente durante un periodo de tiempo, dependiendo de la diligencia del estudiante al poner en práctica lo que ha aprendido.

Dos cosas son esenciales para que la iniciación sea efectiva: la preparación del estudiante o receptor y la presencia de un iniciador que haya realizado su Ser. Aunque la mayoría de los buscadores espirituales enfatizan esto último, y buscan a un gurú perfecto, pocos se preocupan por su propia preparación. Ello es quizás un fallo de la naturaleza humana, el buscar a alguien que “lo haga por nosotros”. Esto es, que nos den la Auto-realización o la realización de Dios. Aunque el gurú o el enseñante pueden señalar a la dirección correcta, el buscador debe comprometerse él mismo a seguir esas instrucciones. Aunque el buscador puede estar intelectualmente comprometido a seguirlas, más que a menudo la naturaleza humana hace que un vacile en distracciones, dudas o deseos. Así, incluso si uno encuentra al enseñante perfecto, si no ha cultivado cualidades como fe, perseverancia, sinceridad y paciencia, la iniciación puede volverse tan inútil como sembrar semillas en una acera de cemento.

Por esta razón, tradicionalmente la iniciación era restringida sólo a aquellos que se han preparado a sí mismos, a veces tras años. Aunque las primeras iniciaciones puede ser puestas a disposición de un gran número de aspirantes, sólo a aquellos que hayan cultivado las cualidades de un discípulo le son dadas iniciaciones superiores. Como dijo Jesús, “muchos son los llamados pero pocos los escogidos”, sólo unos pocos reúnen los requisitos demandados del discipulado.

Un devoto es alguien que está buscando un camino o un enseñante, y esto puede ser por un tiempo muy grande, hasta que uno esté dispuesto a realizar un compromiso con un enseñante o una disciplina. Uno puede brincar de un enseñante a otro, escuchando, observando, experimentando un poco, como un comprador que compara. Al final de esa fase uno se convierte en discípulo, y llega a comprometerse con la práctica de la disciplina espiritual prescrita por el profesor. Como la disciplina espiritual requiere un esfuerzo persistente por un periodo extendido para que sus resultados sean probados, uno necesita tener fe en la eficacia de la práctica, perseverancia, el apoyo de un enseñante y la gracia divina. Si el enseñante es auténtico, siempre estará dispuesto a responder a las peticiones de los estudiantes o a encontrar a alguien que pueda. La gracia divina está siempre disponible si uno sabe cómo abrirse a ella. Así, lo que es problemático es la fe ly la perseverancia del estudiante. El enseñante o gurú puede instigar el procesos a través de la iniciación, y ofrecer inspiración y coraje, pero el estudiante debe aplicarse con confianza y persistencia.

Si uno aprende las kriyas o técnicas sin iniciación, ¿serían efectivas? Comprendiendo lo que se ha dicho antes, la respuesta es un enfático ¡no! Es por ello que intentar aprender técnicas de los libros o de profesores que no son auténticos, que no han experimentado ellos mismos la verdad de la que hablan, no inspira al estudiante. Esto es así incluso si está bien preparado y lleno de las importantes cualidades del estudiante sincero. Existe una transmisión sagrada esencial de consciencia y energía que sucede entre el iniciador y el receptor, que da poder a las técnicas. Es por ello que las tradiciones iniciáticas han conseguido pasar la experiencia directa de la verdad de una generación a otra de forma tan efectiva. Su fuerza reside en el poder y consciencia de aquellos que han hecho las prácticas intensamente, realizando así su verdad. Honramos nuestro Ser más elevado cuando honramos nuestra iniciación al poner en práctica de forma diligente y regular lo que hemos aprendido y recibido en ellas.

Diciembre 2002 Copyright Marshall Govindan. Todos los derechos reservados

 

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